
martes, 5 de enero de 2010
martes, 29 de diciembre de 2009
Los cables, el reflejo de una sociedad
La ciudad es el reflejo de la sociedad. Cada uno de nosotros formamos parte de esta relacionándonos a su vez con los componentes que la forman. Existen infinidad de elementos pequeños que forman parte del afecto visual de las personas.
En la ciudad los cables, algunos de luz, otros de comunicaciones son parte de estos elementos y se extienden de manera excedida entre el cielo y la tierra, alterando nuestro panorama visual. Nuestros ojos de un modo u otro captan su presencia sin que seamos totalmente conscientes. Por donde sea que caminemos estaremos acompañdos siempre de estos elementos que no solo son desagradables si no que además son peligrosos. Sin embargo, son un referente, pues cada cable demarca el camino hacia un lugar y nos indica que mientras más cables veamos más desarrollo encontraremos : ¡que mierda es el desarrollo!. Nosotros. los hombres y mujeres somos afectados por un entorno peligroso y contaminado. En fin, ojalá sólo sea una de las esas tantas malas características de esta epoca. Seguro, mejor dicho esperamos, que en algunos años esto sólo sea un recuerdo y que sea la misma modernidad y tecnología la que se encargue de liminarlas.
Tratando de hacer algo bello con algo tan feo.
Fotos tomadas en las calles de la ciudad de Trujillo - 2009

Autoría: Luis Alva Kobata
miércoles, 16 de diciembre de 2009
La relación del hombre con la naturaleza, dentro y fuera de la ciudad se ha desvinculado a traves del tiempo debido a factores propios de la sociedad y de su desarrollo. Desde el momento en que el medio natural no es tomado en cuenta como elemento escencial para la vida del hombre, crea una incertidumbre en el destino en el que se encamina. Hoy esto se hace evidente: las acciones de la sociedad están afectando directamente en el medio natural.
La naturaleza frente al hombre, se convierte en un elemento vulnerable. Abusar de esta situación trae consecuencias palpables e irrevocables.
La naturaleza desde la creación del hombre ha cumplido una función protectora y eso es algo que debemos comprender, porque ahora es el momento de que el hombre protega la naturaleza. Sin embargo cada vez se hace más fuerte la separación de uno y otro, podemos ver frente a nuestros ojos un contexto urbano lleno de parques enrejados y sucios, playas con aguas turbias y contaminadas donde cada vez mueren más animales. Naturaleza muerta por culpa del hombre y uqe por paradojas del destino ahora el mismo hombre debe protegerse de la furia de la anturaleza.
El panorama es contradictorio, es urgente una reconciliacion del hombre con la naturaleza, debe tomarse conciencia de la importancia de esta realidad para nuestro desarrollo como sociedad y para el fortalecimiento de nuestra propia identidad.
Fotos tomadas en noviembre - 2009
Playa de Salaverry



Fotos recogidas de algunas caminatas por parques de Trujillo

miércoles, 23 de septiembre de 2009
La unión hace la fuerza, dicen. Todos juntos podemos, repiten. El pueblo unido, jamás será vencido, parafrasean una y otra vez hasta colmar los oídos y la paciencia de los demás, los que no estamos “unidos” a esas marchas llenas de ruido, batahola, gritos y consignas que a veces ni los mismos protestantes entienden. Quizás esta sea la única manera que ellos han encontrado de llamar la atención de la gente, de aquellos que aún andamos inmersos en cosas más importantes como nosotros mismos y hemos dejado de lado cosas menos importantes como los demás. Sí, tal vez el ruido molesto de estos esporádicos invasores de las calles nos haga voltear la mirada un momento y mirar más allá de nuestros propios intereses.
En este tiempo está de moda —y que bueno porque es necesario— hablar del planeta y todo lo que trae consigo el famoso calentamiento global: protestar en las calles, organizar eventos donde se hable de defensa medioambiental, ahorro de luz y agua, reciclaje y consumo de alimentos naturales en la medida de lo posible. Estas cosas y muchas más son la novedad ahora. Incluso grandes empresas tratan de aportar con su —literalmente— grano de arena: sacan bolsitas biodegradables, según dicen —porque no me consta— o cualquier otra “chuchería” con el fin de ocultar la verdad: que en realidad son agentes contaminantes.
Al ver todo esto en marcha, me pregunto: ¿En realidad la unión hace la fuerza? ¿Basta con un grupo de personas conscientes y preocupadas? ¿Son suficientes las bolsas biodegradables? ¿Y qué ocurre con las grandes corporaciones? ¿Los verdaderos focos contaminantes de la tierra se seguirán quedando con los brazos cruzados? Estas invencibles dueñas del mundo nunca serán capaces de hacer algo por detener la contaminación, como por ejemplo cerrar sus fábricas, ni así la existencia de millones de personas corra peligro. A veces pienso que se ríen de todo esto, miran y se burlan del esfuerzo y preocupación de los “otros”, los menos importantes, los que caminamos por las calles todos los días respirando aire atiborrado de veneno, esos que no nos creemos invencibles, esos que aunque no salgamos a la calle con un cartel en la mano o pintados de verde si sabemos que esta situación no es un juego, una moda o un momento del que ya saldremos. Se trata de una realidad progresiva y letal, que ya está costando muchas vidas y nos arranca de a pocos lo único valioso que tenemos: la naturaleza.
No sé aún si esta vez la unión hará la fuerza. No sé si ahorrar la luz y el agua contribuirá a que realmente en unos años no desaparezcamos como especie. Aún así, hay que engancharnos a esta utopía y no esperar que el cataclismo nos coja mientras hacemos la siesta.
En este tiempo está de moda —y que bueno porque es necesario— hablar del planeta y todo lo que trae consigo el famoso calentamiento global: protestar en las calles, organizar eventos donde se hable de defensa medioambiental, ahorro de luz y agua, reciclaje y consumo de alimentos naturales en la medida de lo posible. Estas cosas y muchas más son la novedad ahora. Incluso grandes empresas tratan de aportar con su —literalmente— grano de arena: sacan bolsitas biodegradables, según dicen —porque no me consta— o cualquier otra “chuchería” con el fin de ocultar la verdad: que en realidad son agentes contaminantes.
Al ver todo esto en marcha, me pregunto: ¿En realidad la unión hace la fuerza? ¿Basta con un grupo de personas conscientes y preocupadas? ¿Son suficientes las bolsas biodegradables? ¿Y qué ocurre con las grandes corporaciones? ¿Los verdaderos focos contaminantes de la tierra se seguirán quedando con los brazos cruzados? Estas invencibles dueñas del mundo nunca serán capaces de hacer algo por detener la contaminación, como por ejemplo cerrar sus fábricas, ni así la existencia de millones de personas corra peligro. A veces pienso que se ríen de todo esto, miran y se burlan del esfuerzo y preocupación de los “otros”, los menos importantes, los que caminamos por las calles todos los días respirando aire atiborrado de veneno, esos que no nos creemos invencibles, esos que aunque no salgamos a la calle con un cartel en la mano o pintados de verde si sabemos que esta situación no es un juego, una moda o un momento del que ya saldremos. Se trata de una realidad progresiva y letal, que ya está costando muchas vidas y nos arranca de a pocos lo único valioso que tenemos: la naturaleza.
No sé aún si esta vez la unión hará la fuerza. No sé si ahorrar la luz y el agua contribuirá a que realmente en unos años no desaparezcamos como especie. Aún así, hay que engancharnos a esta utopía y no esperar que el cataclismo nos coja mientras hacemos la siesta.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Cara a cara con el cine
Conocí a Jodorowsky una noche de primavera en una sala de cine improvisada de la Alianza Francesa de Trujillo y me bastó 2 horas y 4 minutos mirando con atención interrumpida: El Topo, para volverme de manera irremediable su fan numero uno.
Me apasionó en ese isntante el cine y la manera magistral en la que Jodorowsky maneja lo simbólico para profundizar de manera tan suya el tema de la pelicula.
Entiendo ahora porque fue El topo exactamente, la película que me dejó las puertas abiertas hacia el mundo del la cinematografía: el hecho simple de ser una pelicula que va de dentro hacia afuera y no de afuera hacia dentro como muchas grandes producciones audiviosuales. Me explico, El topo, como la mayoría de las peliculas de este director, no es de un gran despliegue o evolución tecnico, todo lo contrario, tendría muchos errores que subsanar si de cuestiones tecnicas hablaramos, sin embargo y para equilibrar de manera rotunda el defecto, todas sus peliculas, sin excepecion, manejan un gran contenido humano, una visión superior de la vida y de la muerte que te sumerge en una introspección, alimento para toda creación.
Y así fue como en un sólo dìa empezó mi busqueda en el mundo del cine.
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